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Como queda de manifiesto, por esta y otras referencias de los primeros
años del siglo XX, en aquel momento el carnaval y sus disfraces se
aferraban a los salones de la villa y aunque era un periodo de tiempo
festivo celebrado multitudinariamente por gentes de todas las
condiciones sociales, no tenía carácter callejero.
Pero veamos como transcurría la fiesta en aquel mes de Marzo de 1.892 en
los diferentes salones de la localidad:
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LOS CARNAVALES DE
SANTONA EN EL CASINO LICEO
"Todo no ha de ser Ayuntamiento, alguna vez he de ser yo
revistero de salones, aunque lo haga mal. Y sin preámbulos os narraré lo
que vi.
En el primer baile mucha animación, muchas caras bonitas, buena música,
pocas máscaras y menos bromas. El segundo desconocí apenas penetré en el
salón. Antítesis del anterior, todo eran capuchones de caprichosas
formas y cortes, había chulas que parecían de verdad, pero lo más
notable fue la magnífica colección de caretas que llamó la atención de
los aficionados a Terpsicore por la hermosura y belleza de sus rostros,
y para que todo contrastara con la noche anterior hubo bromas muy
superiores y claro, los colores nos salían a la cara. No citaré las
muchachas que acudieron a los bailes porque tendría que enumerar a todas
las bellas santoñesas que en aquellos lucieron toda su hermosura y
elegancia... Para terminar, envío desde estas columnas el parabién al
Presidente del Casino, por el buen gusto y acierto desplegados en el
arreglo del salón de baile y el de descanso, que podían competir con los
más aristocráticos.
Espero que ya en el buen camino se vea pronto muy concurrido para que
los jóvenes puedan pasar veladas tan deliciosas como las de estas noches
anteriores".
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LOS
CARNAVALES EN LA JUVENTUD SANTOÑESA
"Magníficos han estado en verdad los bailes
celebrados en este centro de recreo los días
domingo y martes de Carnaval y domingo de
Piñata; mucha animación, mucho bullicio y
muchas máscaras.
Pero el baile de Piñata ha sido el «non plus
ultra» de todos los celebrados en esta sociedad,
¡qué mujeres más hermosas! qué trajes tan
elegantes... qué «maremagnum».
Si fuera a describir todos los trajes necesitaría
todo El Eco, pero tampoco quiero pasar por alto
algunos que llamaron verdaderamente la
atención.
Ví uno de segadora... que era la mar, otros de
echadoras de cartas, de cantineras jerezanas,
chulas, etc., esto tocante al bello sexo, por más
que el sexo feo también tenía buena
representación, y si no ahí están el abate y
Enrique III que no me dejarán mentir, lo mismo
que los disfraces de Rigoleto y Sargento Federico
que gustaron mucho.
Además había un gran surtido de capuchones y
chulas con más o menos gracia, en fin un
popurrit completo.
A las diez empezó el baile, y a las once no se
podía dar un paso por el salón, y las parejas se ropezaban al bailar. ..y a las tres de la mañana
terminó en medio de la mayor animación.
Al marcharnos del salón con el corazón triste por
haberse terminado los carnavales, no pudimos
menos de exclamar.¡Y ahora hasta otro año!". |
En los primeros años del
siglo XX, los carnavales siguieron basándose
en los bailes de máscaras, animados por orquestas que interpretaban valses
y polcas hasta altas horas de la madrugada.
En el año 1.907 destacaron por su animación y concurrencia los celebrados
en el Círculo Artesano.
Las caretas y los disfraces fueron muy importantes en el aderezo de aquellas
jornadas de carnaval y Domingo de piñata, que se esperaban año tras año con
verdadera impaciencia, hasta el punto de que la gente joven era capaz de
adelantar' los acontecimientos hasta un mes al calendario oficial, como
ocurriera en las mascaradas de finales de Enero de 1909.
Tanto interés por el disfraz se materializó en el desarrolló de un comercio de
caretas de cartón, percalina y raso, narices con bigote, confetti, serpentinas,
panderetas para estudiantinas, cascabeles, gorras para clowns y otros artículos
característicos de esas fechas, que en aquellas circunstancias monopolizó la
imprenta de Meléndez., por otra parte, durante el día y sólo cuando el tiempo lo permitía, la banda del
Regimiento, la popular y el tamboril municipal amenizaban con su música aquellas
tardes en la plaza de la Villa y La Alameda, complementando el vértigo de los
bailes nocturnos celebrados sobre todo en la Juventud Santoñesa.
En 1.910 durante los tres días del carnaval volvió a repetirse la
climatología adversa de los años anteriores
"mucha agua en las nubes, más barro en las calles que agua en aquellas y un
puñado de despreocupados con trajes astrosos y una careta, que se entretenían en
molestar a los demás, fue el programa de estos días..."
Una vez más la animación se concentró en los bailes de salón, en los que
se lucían máscaras ingeniosas y trajes llamativos. En algunas ocasiones, la
transformación de la identidad por medio del disfraz llegó a ser recompensada
para incentivar la originalidad y espectacularidad de los modelos, con el fin de
favorecer la afluencia de participantes y público en general. Así, la Juventud
Santoñesa en 1.910
"ofreció lujosos premios para las máscaras mejor presentadas. En busca de
ello hubo máscaras en gran número y lujosamente ataviadas"
Repasando aquellos carnavales, en diferentes años, podemos
comprobar que los tipos de disfraces eran variados, de fardos de mercancías,
automovilistas que "bailaban (en 1.907) a la velocidad de un Panard de cuarenta
caballos", de segadora, abate, echadora de cartas, Enrique III, "Rigoleto",
cantineras jerezanas, chulas o el de "Sargento Federico", personaje popular por
aquel entonces.
Los que preferían ocultar la identidad completamente, para de esa manera
poder efectuar bromas con mayor impunidad, se colocaban bajo capuchones de
factura y ornamentación variada, que con el paso de los años fueron siendo
sustituidos por los llamados "impermeables funerarios".
En cualquier caso, en el decir de los cronistas del momento, la
gente joven disfrutaba enormemente durante aquellas celebraciones, que después
narraban pormenorizadamente en sus artículos, no perdiendo detalle de todos los
acontecimientos acaecidos en el transcurso de las veladas, eso si, sin descubrir
la identidad de los protagonistas.
Por otra parte, chascarrillos y cotilleos acompañaban en el discurrir de
aquellas fiestas de salón y, si no ahí van unas muestras...
... "Alli supimos cosas peregrinas dichas con intención veragüeña, por cierta
tapada a un discreto pollo, de esos que según el dicho vulgar las coje a tientas
y las mata callando; es decir, sin alabanzas impropias de quien por los pies se
viste. ¡Muy bien niño X... y después dirá tu mamá que eres un santito!. ¡Que
poco conoce ciertos paseos la pobre señora!.
Otra vaporosa máscara de rosado y airoso traje nos dio a conocer el
contenido de una carta de cierto «mariposo», de elevada estatura a quien
embromaba con dicha misiva, sospechando nosotros si sería ella la destinataria,
porque se la sabía de memoria. No sabemos que juicio formaría el embromado; pero
al parecer le gustaba la guasita, pues la seguía con interés..."(Eco de Santoña
12-Marzo-1.908).
"El resurgir de una fiesta
popular"
El renacimiento del carnaval callejero en
Santoña se produjo en el año 1.981 por iniciativa de las peñas de la localidad,
que supieron conducir el impulso popular en la recuperación de la fiesta. En
este sentido, el 12 de Febrero de dicho año, en la sección del diario Alerta
titulada "El Espejo" se hizo mención expresa de ese hecho:
"Sabemos que las simpáticas peñas santoñesas están empeñadas en la tarea de
restituir en la villa las fiestas del Carnaval con aquel carácter callejero y
multitudinario de antaño, y que hacen las gestiones para lograrlo ante las
autoridades competentes. ¡Por nosotros encantados!".
Con esta nota Don Tertulio se hizo eco de una inquietud que se traduciría en lo
que es hoy el Carnaval de Santoña, sobre cuyos orígenes hemos redactado los
párrafos siguientes:
En 1.981 aunque no hubo carnaval oficial, los santoñeses se disfrazaron, en la
mayoría de los casos, de forma privada en los locales de las peñas para celebrar
las fiestas, pero en un momento determinado aquellos recintos cerrados no
pudieron contener la explosión de alegría y jolgorio y de manera espontánea la
plaza de San Antonio se convirtió, en un abrir y cerrar de ojos, en punto de
encuentro de disfraces y cánticos.
El carnaval del siguiente año ya aparecía perfectamente reglado en tres
secciones angulares: el desfile de disfraces, las murgas y el Juicio en el fondo
del mar, actividades a las que después, en el año 1985 coincidiendo con su
declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional, se sumarían el Pregón,
las Jornadas Culturales, la elección de Reina de Carnaval y la Noche Mora.
A partir de aquel momento y sobre aquellos fundamentos, el carnaval santones ha
ido creciendo en espectacularidad, hasta el punto de ser considerado como uno de
los más representativos del Norte de España y, como tal, ha sido capaz de
aglutinar entorno a su celebración a miles de personas procedentes de otros
lugares de nuestra Geografía.
Y nos encontramos hoy...
que después de aquel resurgir cauteloso se ha producido una verdadera explosión
del Carnaval y sus actividades. La importancia de los actos y actuaciones
durante estas fechas se contrastan con la atención que les ha sido prestada en
diversos medios de comunicación. En este sentido, diferentes cadenas de
televisión han retransmitido en varias ocasiones amplios reportajes sobre el
desarrollo de los desfiles, la representación del Juicio en el fondo del mar y
los concursos de murgas.
Por otra parte, desde que se otorgase en 1.985 la categoría a nuestros carnavales
de Fiesta de Interés Turístico Nacional, cada vez contamos con mayor
protagonismo y el resto de nuestra geografía se fija más en nosotros.
Por todo ello, la proyección exterior como vía de conocimiento de nuestros
productos y posibilidades económicas debe ser un acicate más para aquellos que
están en condiciones de aprovechar la publicidad que se trasmite.
No olvidemos que nuestro punto de contacto con otras provincias se fundamenta en
estas festividades y la valoración que de nosotros se hace depende de la calidad
con que presentamos nuestros trabajos.
En este año pretendemos dejar cimentadas las bases de lo que va a ser nuestra
carta de presentación en el VIII Congreso Internacional del Carnaval a celebrar
en Cádiz en el año 1997.
Además, la necesidad de desarrollar procesos de investigación, documentación,
publicaciones, construir instalaciones, escenarios, iluminación, stands...,
requiere toda la ayuda posible.
Por todo ello solicitamos vuestra colaboración en el lanzamiento de estas
actividades para que cada vez alcancen mayor brillantez y espectacularidad, con
el consiguiente beneficio para todos nosotros.
A partir del año 1996 el carnaval seguía perfeccionándose en calidad, las murgas
se pasaron al polideportivo donde la ocupación seria mayor ya que el aforo mas o
menos rondaba sobre los 2000 personas, seguido creciendo no sin dificultad, puesto que hoy en día puesto que hoy tienen
todos los pueblos de las cercanías su propio carnaval.
"Los
desfiles de carnaval"
Los desfiles organizados de carnaval son relativamente
recientes. En este sentido, fue en 1982 cuando comenzaron a desarrollarse de
manera oficial.
Desde aquella fecha, el popular desfile ha tenido dos jornadas de protagonismo,
el viernes de carnaval dedicado a los niños y el llamado "día grande", para
todos los públicos.
En aquella ocasión inicial, tanto en uno como en otro desfile, se contabilizaron
varios miles de comparsas que, luciendo los atuendos más variados, realizaron un
recorrido por las calles céntricas de la localidad, desde la de Manzaneado a la
plaza del Peralvillo.
Desde 1.985, en que la fiesta fue considerada en su conjunto como de interés
turístico nacional, esta puesta en escena se ha ido haciendo cada vez más densa
en cuanto a número de participantes y espectacularidad. Año tras año los
visitantes vinieron en mayor número, primero para ver, en sucesivas ocasiones a
participar, las plazas hoteleras se cubrieron al cien por cien y se tuvieron que
habilitar nuevas áreas de aparcamiento.
En aquellas circunstancias, llegado el carnaval de 1.988 se hizo necesario
cambiar el céntrico circuito por donde tradicionalmente discurría el desfile y,
a partir de entonces, se ha realizado en la avenida de Carrero Blanco - Pasaje.
No obstante, el desfile de disfraces ha mantenido sus características a lo largo
de todo este tiempo. La exhibición de los modelos, al compás de ritmos
calientes, ha constituido el fundamento básico del mismo.
Sin embargo, en la celebración de 1.995 se plantearon las premisas para la
transformación de aquellas inamovibles condiciones, al acordar las diferentes
agrupaciones el inicio de un etapa en la que se otorgaría un premio al mejor
traje.
En aquella ocasión, sino el desfile, el concurso tuvo que ser suspendido porque
las inclemencias climatológicas, que en aquel año fueron especialmente adversas,
desluciendo la puesta en escena de las diferentes agrupaciones participantes.
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